Rugby Around The World

dissabte, 28 d’abril de 2012

Una futbolera en un partido de rugby

He encontrado este artículo gracias al Foro de El Salvador, el blog se llama Mundoenvioleta y no tiene desperdicio. 


Experiencia de una futbolera en un partido de Rugby. 


El domingo 22 de abril se jugó en Palencia la final de la Copa del Rey de Rugby entre el El Salvador y el Ordizia. Una servidora, aficionada al fútbol pero sobre todo defensora del deporte local, decidió aventurarse a presenciar el partido a pesar de deconocer casi todo sobre este deporte. Tuve la gran suerte de ir de la mano de una familia aficionada al rugby que, a parte de portarse fantásticamente conmigo, me fue explicando todo lo necesario ya desde el “pre-partido”. Inevitablemente, cada paso que daba y cada vistazo que echaba suponía una comparación mental entre fútbol y rugby; y el mundillo que rodea a ambos.


Nada más llegar a las inmediaciones del precioso estadio de la Nueva Balastera nos encontramos con una carpa habilitada con unas barras para pedir unos “chismes” y hacer tiempo antes del choque. Aficionados de los dos equipos se entremezclaban con total naturalidad y las charangas amenizaban la espera. Este concepto se da pocas veces en el mundo del fútbol y casi diría que ninguna tratándose de una final. 


El ambiente era de tranquilidad y de fiesta, y se veía a muchas familias con niños. Aparecieron dos individuos con dos banderas de España, cantando “¡yo soy español, español!” con intención (supongo) de provocar a los aficionados vascos, pero fueron totalmente ignorados por todos los allí presentes y alejados por la policía por el peligro que suponían los palos de sus banderas. Esther, mi cicerone particular ese día, los etiquetó rápido: “Estos no son de este mundillo“. 


Dentro del estadio los nervios empiezan a aflorar: los equipos calientan, los aficionados toman posiciones, se empiezan a oir tímidos cánticos. Suena el himno de España, algún pitido aislado, da comienzo el encuentro. 


Del juego impresiona la dureza, los brutales encontronazos y placajes. Sin embargo, el partido no se detiene por este motivo; las asistencias entran mientras el juego continúa. No hay jugadores fingiendo ni protestando. Protestar está prohibido y sancionado. De hecho, es llamativo como la árbitra, una chica no muy grande, se hacía respetar sin problemas entre los fornidos jugadores. Es llamativo, si lo comparamos con el fútbol, claro. 


El partido fue emocionante. Un tiempo para cada conjunto aunque la balanza se desequilibró finalmente por el lado del Ordizia. Las aficiones se dedicaron a animar a sus respectivos equipos, sin más. Cuando el choque finalizó empezaron lo que yo he llamado “los impensables”: Impensable en el fútbol que el ganador haga pasillo al perdedor; impensable que los jugadores se acerquen a saludar y a aplaudir a las aficiones contrarias; impensable que ambas aficiones aplaudan a ambos equipos tras el partido. Pero hay uno de esos “impensables” que es innato en el rugby: el tercer tiempo. ¿Cómo imaginar en el mundo del fútbol que después del enfrentamiento aficiones, equipos y árbitros acaben todos juntos tomando unas cañas? 


El domingo fui a apoyar el deporte de mi ciudad y volví a casa enamorada de un deporte. El rubgy es emocionante y hermoso a pesar de su dureza, es una escuela de caballerosidad y buenas maneras. Dicen que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por hoolingans y el rugby es un deporte de hooligans jugado por caballeros. Doy fe de que es verdad. Enhorabuena al Ordizia por el título y gracias al rugby por devolverme la fe en el deporte.



dimarts, 24 d’abril de 2012

"Placaje Alto", novela de rugby

“Placaje Alto”, de Ediciones Nostrum, es mi última novela, un libro ambientado en el mundo del rugby.  Lluís Pujol, entrenador de rugby, vuelve a Tarragona para entrenar al equipo de rugby de la ciudad y para recuperar a la mujer de su vida.  Un vistazo al mundo del deporte profesional, al periodismo deportivo, al opio del pueblo, a las relaciones imposibles, al amor perdido y al Universo Oval, donde todo lo que se larga vuelve.

Escribe mi editor: “Àngel Lluís Carrillo Pujol ha escrito una novela centrada en el rugby que nos sirve para conocer un deporte  mágico y adictivo, intenso como pocos, y a la vez nos vuelve a introducir en una historia ágil, dinámica, siempre divertida, donde el amor y la amistad tienen un enorme protagonismo y una gran humanidad.”

Placaje Alto
Ediciones Nostrum
ISBN: 978-84-15233-84-8
293 páginas.

Si queréis leer el primer capítulo: LEER EL PRIMER CAPÍTULO DE PLACAJE ALTO

Comprar el libro on-line o físicamente.  Tienen ejemplares disponibles:

LIBRERÍA CÁLAMO de Zaragoza.


LLIBRERIA GALATEA de Reus


LIBRERÍA OLETVN de Valladolid.


LIBRARÍA PEDREIRA de Santiago de Compostela.


LA CASA DEL LIBRO en diferentes ciudades de toda España.


LIBRERÍA PICASSO de Granada.


LIBRERÍA EGARTORRE de Madrid.


LIBROS AULA MAGNA de Jaen


EL CORTE INGLÉS


LIBRERÍA ELKAR de Donostia


ULTIMA COMIC


LLIBRERA GAUDÍ de Reus.  Tlf: 977.34.05.30, C/ Galera 12.


LLIBRERIA ADSERÀ de Tarragona.  Tlf: 977.21.95.46.  Rambla Nova 94.


Librerías donde se puede pedir “Placaje Alto”: LIBRERÍAS  


Si no lo encuentras mándame un mail  a angel71carrillo@gmail.com y te mando el libro por correo ordinario.


dijous, 19 d’abril de 2012

"Placaje Alto, la novel.la de rugby

“Placaje Alto” es la meva darrera novel•la, publicada per Ediciones Nostrum, un llibre ambientat en el món del rugby.  Lluís Pujol, entrenador de rugby torna a Tarragona per entrenar al equip de rugby de la ciutat i per recuperar a la noia de la seva vida. Un cop d’ull al món del esport professional, al periodisme esportiu, al opi del poble, a les relacions impossibles, al amor perdut i al Univers oval, on tot el que torna marxa.


Escriu l’editor: “Àngel Lluís Carrillo Pujol ha escrit una novel•la centrada en el rugby que ens serveix per conèixer un esport màgic i addictiu, intens com pocs, i al mateix temps ens introdueix en una història àgil, dinàmica, sempre divertida, on l’amor i l’amistat tenen un gran protagonisme i gran humanitat.”


El meu editor m’ha dit que el dia de Sant Jordi el llibre estarà a la llibreria Adserà de Tarragona, també a la Galatea de Reus i no sap si a la Gaudí de Reus.  Confiem amb els transportistes !!!!!!!!!


Signaré llibres el dia de Sant Jordi a les 18.00 a la Plaça Mossèn Joaquim Boronat de Torredembarra.


Si voleu llegir el primer capítol podeu pitjar aquí: PRIMER CAPÍTOL DE “PLACAJE ALTO”.








dilluns, 16 d’abril de 2012

Victoria de Munster ante los All Blacks, 1978

El treinta y uno de octubre del año setenta y ocho el equipo de Munster venció en Limerick a Nueva Zelanda por doce a cero, hay un gran libro que cuenta la gesta “Stand Up and Fight” –“Levántate y Lucha”, pocas palabras pueden definir mejor el espíritu del rugby, caer, levantarse y continuar luchando, una filosofía de vida, un modo de comportarse, alejarse del conformismo, de la queja, de la falta de ambición, porque el que no sabe alzarse vivirá siempre arrastrándose–, de Alan English –curioso que el escritor se llame English y cuente una gesta irlandesa–. En la tierra verde se han escrito miles de páginas sobre esta gesta. El actor Richard Harris, nacido en Limerick dijo; “Los héroes del rugby de Limerick son mis héroes. Gladiadores, guerreros de mandíbula apretada que nos representan en el campo de batalla”. Harris no escuchó a los médicos y rompió la abstinencia que le habían recomendado para celebrar la victoria. Seamus Dennison, un centro de Munster de ciento setenta y tres centímetros y setenta kilos realizó un placaje brutal a Stu Wilson, un ala neocelandés de ciento ochenta y tres centímetros y ochenta y siete kilos. El árbitro, Thomas, dijo; “El mejor placaje que vi en diecisiete años como árbitro. Stu llegó a cien por hora, y fue como si se hubiera estrellado contra un muro y se hubiera deslizado hasta el suelo. No fue para atrás, se derrumbó en un montón inerme.  Miré a los jugadores de Munster. Pensé: estos tíos son más altos que cuando saltaron al campo hace cinco minutos. No me lo invento, los jugadores de Munster crecieron dos cuartas cada uno.” Moss Finn, ala de Munster habló del placado; “A Wilson se le veía el cabreo en los ojos. Era “cómo se atreve el cabroncete éste a placarme, un tío con mi clase””. Para resumir el partido nos podemos quedar con las palabras de Ark Donaldson, medio melé de los All Black.  “Teníamos mucha posesión, demasiada: no hacíamos nada con ella.  No paraban de sentarnos de culo. Era una defensa de quince, impermeable. Tenía a un tipo calvo con barba, Dennison, jugando de centro, y no hacía más que crujirnos. No abultaba mucho, pero, ¡cómo placaba! ¡Y qué daño!  Encendió un fuego en el campo: así se escriben las leyendas.” Para la gente de Nueva Zelanda fue un partido más, una derrota para los que no están acostumbrados a perder, nada más. La historia no tiene la misma importancia para los dos bandos de la contienda, eso no es bueno ni malo, es así. Los recuerdos son una pequeña huella de nuestro paso por este mundo.


De la novela "Placaje Alto".


Os dejo un reportaje de este momento histórico.  Para mi es un palo verlo en internet, así que os recomiendo este programa, Atube Catcher, bajas el vídeo de You Tube y lo ves tranquilamente en tu TV.





divendres, 13 d’abril de 2012

Gesta de un delantero con el balón

Brillante entrada de Phil Blakeway en su imprescindible Tornarugby.


Gestas

Hace no demasiado tiempo cinco o seis fases de juego seguidas eran considerabas una proeza, más que nada porque la confusión más absoluta ya se había apoderado del juego, o por mejor decir, de los que por el campo nos arrastrábamos, agotados sin una melé en la que descansar o una touche a la que acudir caminando. Hablo, naturalmente, de mis congéneres, los delanteros del siglo XX. Esto les servirá para ubicarse, para comprender la verdadera y cierta magnitud del extraordinario suceso que les voy a narrar; algo que solamente pudo acontecer por un cúmulo de circunstancias históricas, algo así como una conjunción planetaria insólita o el descubrimiento de un nuevo continente. Verán: se trata de un episodio de rugby premoderno. La cosa se había iniciado con una melé a nuestro favor de la que yo había salido con el balón en las manos (sí, lo han adivinado, por aquel entonces rondaba solamente las 16 stones y en ocasiones contadas, con el segundo o tercer XV de mi club, podía jugar de tercera centro, licencia que me tomaba por aquello de haber sido merecedor de un puesto, de vez en cuando, en el primer equipo, eso sí, en mi sitio). Cargué furibundo contra el apertura contrario, sin buscar el hueco, debo reconocerlo, ya saben la querencia que los de delante mostramos por el negocio de la charcutería y casquería, y porque nos habíamos conjurado en el vestuario contra el flamante, atlético y elegante nº 10 adversario, un tipo que además era aplaudido por una tribu de jóvenes amigas de universidad de pago que nos imaginábamos botín de la contienda (¿ah, que esto no es políticamente correcto? pues me ratifico). Continúo. Mis flankers me habían seguido, a una cierta distancia el cerrado, eso sí, que no en vano era otro transplantado para el caso, que tampoco había viajado con el primer equipo por aquello de quedarse a preparar no sé qué examen, y tras el mortífero ruck, el apertura rival debajo y tacos y botas rasgando su bonita zamarra (¿era gris y rosa o quizás azul?) y lacerando carnes de amigos y enemigos, el balón se recicló adecuadamente y contemplé, desde el suelo, como nuestro renqueante talonador recuperaba vigor para iniciar el ataque de la tercera fase, en un movimiento de aprovechamiento del eje vertical que a mi mismo me sorprendió, acostumbrado como estaba a que en esos instantes algún tres cuartos de nuestra hueste, convenientemente descolocado,  pretendiera un salto desde la base del agrupamiento al segundo centro, con más entusiasmo que pericia. Me levanté y me dispuse a continuar el juego, presto a servir de apoyo al agrupamiento que se formaba y contemplar como, ya sí, nuestro medio de melé habría de servir el balón a nuestro descansado apertura. Sin embargo, el azar quizás, los hados o alguna deidad del ciego Averno obscureció el entendimiento de un segunda  voluntarioso e inexperto, que por eso había sido situado en tal demarcación, quien con total desconsideración por el estado de forma de sus mayores y el minuto de juego que transcurría, decidió seguir explotando, para nuestra ventaja, hay que decirlo, el pasillo por el que nuestras tropas acorazadas iban perforando la defensa rival. Así que cuarta fase. Y el tipo lo hizo bien, dirigiendo el balón al interior, reflejo puramente pauloviano, por demás, al ver por el rabillo del ojo la mirada inyectada en sangre de su compañero de segunda línea, que tomó por lo que no era, pues no indicaba ira, entusiasmo, ni rapto de cólera, muy adecuado para algunos lances del juego, sino la defectuosa colocación de las lentillas, sucias ya, que todos habíamos presenciado una par de jugadas antes. La cosa se complicaba pues nuestro hombre era de esos que con el balón en su poder podía arrastrar colgados de sí a tres o cuatro jugadores del equipo contrario a más de ser inmune al dolor y lento de pensamiento, así que era previsible que continuara el juego por donde venía, sus y a ellos. Quinta fase, ya cerca de la veintidós contraria. Y mis terceras y yo resoplando detrás, rebasados por un ala y un centro que se unieron al festival del ataque vertical. Esto no podía seguir así, pensé, por el bien del rugby español, que no querrá ver en los titulares de El Mundo del día siguiente "muere jugador infartado en la Ciudad Universitaria", que es lo que  más gusta de resaltar de nuestro deporte tal medio. Y tomé una decisión, me armé de valor, alteré el ángulo de mi carrera, como si de una cambio táctico se tratara (y vaya si lo era) y pedí el balón al centro que ya lo levantaba. Obediente me lo sirvió, pensando lo que pensaban todos. Pero no. Me detuve, alcé la mirada primero, luego la fijé en el balón, lo dejé caer contra el suelo y lo golpeé con el pie. Mientras subía (eso ya era un triunfo), y el ruido característico del crujido de un cartílago me decía que se había desprendido el enésimo fragmento, asumí mi destino. No miré a los palos. Esperaba solamente el sonido sordo de la reprobación, pero escuché el del silbato y me sorprendió la palmada en la espalda de mi apertura, que decía "pero no lo vuelvas a hacer". 

Nunca más he conseguido tres puntos en un partido y solamente una vez más he pateado, un up and under en un ataque (de euforia) que me fue muy recriminado, a pesar de encontrarme en la equívoca posición de apertura y reaccionar como predicaba un adepto al rugby moderno: eres lo que te dice tu posición en el campo (que cuando recordaba al sujeto pensara en linier, discúlpenme los susodichos, es otra cuestión). Y lo lamento, digo, porque por un momento, breve, inopinado, gusté del vértigo del éxito singular. Deseché sin embargo el sinuoso pensamiento y sacudí mi conciencia. No es eso, no es eso. Somos todos.


Os dejo algunos vídeos de drop que no le llegan a este a la suela del zapato, el explicado por mi amigo Phil no lo he encontrado en Youtube, pero aparecerá, en internet está todo.






Y para terminar el de Matt Dunning, según el autor de tan brutal hazaña el más parecido a la realidad.




dimecres, 11 d’abril de 2012

Serge Blanco

Siento gran debilidad por este jugador, el primer gran jugador que vi, el que hizo que Francia y su champagne fueran mi equipo favorito cuando era un adolescente.






Serge Blanco nació el 31 de agosto del 58, en Caracas, Venezuela. Su padre era de nacionalidad venezolana y su madre vasca, pero se crió en Biarritz, País Vasco Francés. Jugó de zaguero y de ala, siempre en el mismo club, Biarritz Olympique, club del que ahora es presidente. Jugador del club francés del 74 al 92, 18 años, e internacional con Francia del 80 al 91, con 93 partidos –de los cuales 81 jugó de zaguero-, y consiguió 233 puntos –38 ensayos, récord del equipo francés.


Debutó con Francia jugando contra Sudáfrica en el Loftus Versfeld Stadium, los del gallo perdieron, 37-15, era un ocho de noviembre del año 80, el primer partido internacional de uno de los más grandes.


Su jugada más recordada fue el ensayo ante Australia en el Mundial del 87, el primer Mundial, una final que perderían ante Nueva Zelanda.





Ganó con Francia los Grand Slams del 81 y del 87.


No consiguió ningún título con su club, y el último partido lo jugó ante Toulon en el año 92.


“L’Equipe” lo definió como el Superman del rugby.


Su partido más difícil lo jugó en el 2009, un infarto de miocardio casi se lo lleva por delante, pero él decidió quedarse atrás, en su espacio natural, el que ocupa el zaguero.









dimarts, 3 d’abril de 2012

L'Estaca, himno oficioso del USAP, Perpignan.

L'Estaca, himno oficioso del USAP, el equipo de Perpignan, los catalanes, aunque no todos los aficionados del equipo francés crean que esto es así.


Wikipedia nos cuenta:


Lluís Llach realizó la composición en catalán. En ella cuenta, mediante la metáfora de la atadura a una estaca el trabajo por la libertad.


La situación es una conversación que mantiene en un portal al amanecer donde el personaje principal le pregunta al "abuelo Siset" ¿No ves la estaca a la que estamos todos atados?, Si no conseguimos deshacernos de ella nunca podremos caminar. y le da la indicación de que la única forma de liberarse de la misma es mediante la acción conjunta Si tiramos fuerte, ella caerá (...) Si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí, seguro que cae, cae, cae, y nos podremos liberar.


La lucha por la liberación, es dura, no para, no tiene descanso... la recuperación del daño infligido a tiranos se realiza en cada pausa, esto queda reflejado en Pero, Siset, hace mucho tiempo ya las manos se me están desollando, y en cuando la fuerza se me va, ella es más gruesa y más grande.


La idea de la conciencia colectiva para lograr la libertad, para continuar en la lucha se comunica los últimos versos. Una vez fallecido el "abuelo Siset", el protagonista es el encargado de ir comunicando el espíritu de unidad en la lucha por la libertad a las nuevas generaciones.  Y mientras pasan los nuevos muchachos, estiro el cuello para cantar el último canto de Siset, el último que él me enseñó.

L'ESTACA


L'avi Siset em parlava
de bon matí al portal
mentre el sol esperàvem
i els carros vèiem passar.


Siset, que no veus l'estaca
on estem tots lligats?
Si no podem desfer-nos-en
mai no podrem caminar!


Si estirem tots, ella caurà
i molt de temps no pot durar,
segur que tomba, tomba, tomba
ben corcada deu ser ja.


Si jo l'estiro fort per aquí
i tu l'estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba,
i ens podrem alliberar.


Però, Siset, fa molt temps ja,
les mans se'm van escorxant,
i quan la força se me'n va
ella és més ampla i més gran.


Ben cert sé que està podrida
però és que, Siset, pesa tant,
que a cops la força m'oblida.
Torna'm a dir el teu cant:


Si estirem tots, ella caurà...


Si jo l'estiro fort per aquí...


L'avi Siset ja no diu res,
mal vent que se l'emportà,
ell qui sap cap a quin indret
i jo a sota el portal.


I mentre passen els nous vailets
estiro el coll per cantar
el darrer cant d'en Siset,
el darrer que em va ensenyar.


Si estirem tots, ella caurà...


Si jo l'estiro fort per aquí...




LA ESTACA


El viejo Siset me hablaba
al amanecer, en el portal,
mientras esperábamos la salida del sol
y veíamos pasar los carros.


Siset: ¿No ves la estaca
a la que estamos todos atados?
Si no conseguimos liberarnos de ella
nunca podremos andar.


Si tiramos fuerte, la haremos caer.
Ya no puede durar mucho tiempo.
Seguro que cae, cae, cae,
pues debe estar ya bien podrida.
Si yo tiro fuerte por aquí
y tú tiras fuerte por allí,
seguro que cae, cae, cae,
y podremos liberarnos.


¡Pero, ha pasado tanto tiempo así !
Las manos se me están desollando,
y en cuanto abandono un instante,
se hace más gruesa y más grande.


Ya sé que está podrida,
pero es que, Siset , pesa tanto,
que a veces me abandonan las fuerzas.
Repíteme tu canción.


Si tiramos fuerte...


El viejo Siset ya no dice nada;
se lo llevó un mal viento.
- él sabe hacia donde -,
mientras yo continúo bajo el portal.


Y cuando pasan los nuevos muchachos,
alzo la voz para cantar
el último canto que él me enseñó.


Si tiramos fuerte...